En 1993, los ministros de cultura europeos, en el contexto de la aprobación de los acuerdos sobre el comercio de bienes y servicios (mejor conocidas como las siglas del GATT y el AGCS) en el marco del auspicios de la Organización Mundial del Comercio, celebraron en Mons, Bélgica, una reunión en la que reconocieron la necesidad de defender el principio de la “excepción cultural”.
Con motivo del décimo aniversario de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (UNESCO, 2005), en el contexto de la revolución digital que modifica los modos culturales de creación y difusión, esta declaración pretende confirmar los principios de neutralidad tecnológica de la Convención así como el fundamento de la excepción cultural y explorar los instrumentos disponibles para implementarlas.
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Informe realizado en abril de 2014 por Jordi Baltá, investigador de la Fundació Interarts especialista en los ámbitos de las políticas culturales urbanas y regionales, la cooperación cultural en Europa y las políticas de diversidad cultural.
Con motivo de la celebración del